EL ETIQUETADO DE INFORMACIÓN NUTRICIONAL DE LOS PRODUCTOS ALIMENTARIOS

2 de Enero de 2018

Itziar Cantera1  y Anna Sauló2
1Dietista-Nutricionista de ElikaEsport
2Directora y Dietista-Nutricionista de ElikaEsport
 

Sin lugar a duda, el etiquetado de información nutricional es una de las fuentes de información más objetivas de las que el consumidor dispone para poder realizar una correcta elección en su compra.

No obstante, debido a los intereses de la industria alimentaria y el amplio abanico legal que regula el etiquetado nutricional, las elecciones que realiza el consumidor están determinadas por una información sesgada, en la que se potencian ciertas características de un producto mientras que se invisibilizan otras, lo que hace que la elección de productos saludables en el supermercado resulte una tarea complicada.

Debemos conocer que cualquier producto que se adquiera en un supermercado de la Unión Europea debe poseer de un etiquetado de información nutricional, y que éste contiene, además, declaraciones de salud y declaraciones nutricionales.

Declaración de Salud

Una Declaración de Salud, es el anuncio de un beneficio para la salud que logra la persona tras el consumo del producto. La frase “Reduce el Colesterol” es una declaración de salud del siguiente ejemplo (ver Figura 1).

Este tipo de declaraciones son realmente importantes para la industria alimentaria ya que destacar los potenciales beneficios de un producto puede aumentar mucho las ventas y la reputación de una marca.

Este tipo de declaraciones deben estar autorizadas por la “Regulation EC 1924/2006” antes de que se puedan utilizar con fines de marketing.

Por otra parte, existen otro tipo de Declaraciones de Salud llamadas “Declaraciones de Salud en Nuevas Funciones”, y son aquellas que se basan en la nueva evidencia científica y que requieren la autorización de la EFSA (European Food Safety Authority).

Declaración Nutricional

Las declaraciones nutricionales son las frases que nos indican que un alimento presenta unas características en particular. La frase “sin azúcares añadidos” es una declaración nutricional del siguiente ejemplo (ver figura 2).

Figura 2. Ejemplo Declaración nutricional (elaboración propia)

Las Declaraciones Nutricionales deben cumplir una serie de criterios y únicamente se permiten aquéllas que están incluidas en el Anexo de la regulación 1924/2006.

En el caso de ejemplo “Sin azúcares Añadidos”, la normativa expone que se deberá cumplir con los siguiente:

“Solamente podrá́ declararse que no se han añadido azúcares a un alimento, así́ como efectuarse cualquier otra declaración que pueda tener el mismo significado para el consumidor, si no se ha añadido al producto ningún monosacárido, disacárido, u otro alimento utilizado por sus propiedades edulcorantes. Si los azucares están naturalmente presentes en los alimentos, en el etiquetado deberá figurar la siguiente indicación: «CONTIENE AZÚCARES NATURALMENTE PRESENTES»

Un ejemplo de “azúcares naturalmente presentes” en los alimentos sería la fructosa en una pieza de fruta y la lactosa en la leche.

Cada vez existen más evidencias sobre el azúcar y sus efectos en la salud, por lo que cada vez son más los profesionales e instituciones que desaconsejan su consumo habitual con tal de poder realizar una alimentación saludable. Entre los alimentos que más contienen azúcares añadidos encontramos ultraprocesados como galletas, yogures azucarados, cereales de desayuno, salsas, productos precocinados, batidos, etc.

“La Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que los azúcares libres deberían de evitarse”

¿Y cuáles son estos azúcares libres?

Además del azúcar añadido, en este grupo se incluirían los azucares que están naturalmente presentes en el alimento, pero que han sido liberados de su matriz. 

De todos los conceptos que se exponen en el etiquetado, la diferenciación del tipo de azúcares que contiene es el más difícil de interpretar. Uno de los motivos es la infinidad de nomenclaturas y designaciones bajo las que se puede ocultar el término “azúcar”. Algunos de ellas son: jarabes, almíbar, dextrosa, fructosa, maltodextrina, maltosa, almidón modificado…

La OMS indica que el consumo de azúcar no debería superar los 20-25g al día, y no indica en ningún caso que se deba de ingerir un mínimo. Esta recomendación hace referencia al grupo de población adulta, y no existen referencias en la edad infantil, pudiéndose confundir esta cantidad también para niños. Es importante destacar que, dependiendo de la edad del niño, el consumo de energía diario podría suponer el entre ½ o ⅓ de lo que consume un adulto.

Existen otras declaraciones nutricionales como la de “Alto Contenido en Fibra”. Solamente podrá declararse, así como efectuarse cualquier otra declaración que pueda tener el mismo significado para el consumidor, si el producto contiene como mínimo 6 g de fibra por 100 g o 3 g de fibra por 100 kcal.

Al igual que ocurre en el caso del azúcar, esta declaración puede dar un doble juego.

Se debe conocer que, a nivel de costes de la materia prima, la harina refinada es mucho más económica que la haría integral (contiene el grano entero y, por lo tanto, gran cantidad de fibra en su contenido). Con la idea de abaratar costes, la industria alimentaria provee de productos a base de harinas refinadas al que a continuación añaden salvado, azúcar e incluso grasas hidrogenadas. Ingredientes de muy bajo interés nutricional, que, no obstante, pueden contener la declaración “Alto Contenido en Fibra”.

En estos casos, lo ideal es mirar el etiquetado nutricional, y fijarse en el listado de ingredientes para decantarse por productos que tengan en su base de harinas integrales (ver Figura 3).

Figura 3. Ejemplo opciones saludables de panes integrales (elaboración propia)

Por ello resulta de gran importancia tener información que aporte mensajes claros, que sea fácil de interpretar, para que de este modo, el consumidor sea consciente del producto que tiene delante y libre de elegir entre las distintas opciones que se le ofrecen.

Para concluir y a modo práctico os recomendamos:

  • Fijarse principalmente en el listado de ingredientes
  • Optar por alimentos /productos con la menor cantidad de ingredientes posibles.
  • Elegir productos que hayan sufrido el mínimo procesado posible.
  • A la hora de elegir alimentos integrales, fijarse que el primer ingrediente sea el cereal integral
  • Tener especial cuidado con el azúcar oculto de los productos ultraprocesados, grasas hidrogenadas y exceso de sal que no aportan ningún beneficio nutricional.

Para terminar, con el único objetivo de mejorar la salud de las personas, es importante destacar la importancia de implicar a todos los profesionales (educadores, sanitarios, profesionales de la actividad física y del deporte) en este tema, así como a gobiernos e instituciones.