SUPLEMENTACIÓN CON PROBIÓTICOS PARA PROBLEMAS GASTROINTESTINALES EN DEPORTISTAS DE RESISTENCIA

Naiara Aizpurua1 y Aritz Urdampilleta2
1 Alumna de la Escuela de Nutrición Deportiva-Dr. Urdampilleta – ElikaEsport
2 Director de la escuela de Nutrición Deportiva – Dr. Urdampilleta- ElikaEsport


Introducción

Las molestias gastrointestinales durante ejercicios de resistencia son bastante frecuentes, y un factor limitante del rendimiento deportivo, ya que pueden provocar que el deportista baje su rendimiento o que tenga que retirarse del todo de la competencia o entrenamiento. Parece ser que la suplementación con probióticos podría reducir la frecuencia, severidad y/o duración de las afecciones gastrointestinales (Pyne et al., 2014). Así, el Instituto Australiano del deporte (Australian Institute of Sport, AIS), clasifica a los probióticos en suplementos pertenecientes a la categoría A (evidencia consensuada), es decir, como suplementos aprobados o con evidencia científica suficiente cuyo uso puede proporcionar al atleta beneficios en su rendimiento.

En deportes de resistencia y a intensidades superiores al 70% del VO2max, se produce una fuerte reducción del flujo sanguíneo en la zona digestiva, distribuyéndose la sangre principalmente hacia músculo esquelético y corazón. Esta redistribución del flujo sanguíneo y por lo tanto la isquemia gastrointestinal producida, es la principal causa de náuseas, vómitos, dolor abdominal, diarrea y sangre en las heces (Urdampilleta et al., 2016). Todo ello unido a un estado de deshidratación, aumentan los problemas gastrointestinales, y son uno de los problemas habituales en los deportes de resistencia.

Figura 1. Problemática entre la Deshidratación y Problemas Gastrointestinales (adaptado de Anna Sauló- Problemas Gastrointestinales en el Deporte).

Dicha isquemia provoca un daño en la mucosa gastrointestinal, aumentando la permeabilidad de la pared gastrointestinal y la pérdida de sangre, provocando alteraciones de la microbiota protectora gastrointestinal y generando endotoxinas (Ximena et al., 2015). Dichas endotoxinas son radicales libres susceptibles a peroxidación, y, por tanto, a formación de especies reactivas de oxígeno (ROS) que pueden provocar daño a otros componentes celulares.

Los suplementos o alimentos que contienen probióticos modulan la flora microbiana intestinal (población bacteriana que habilita en el tracto gastrointestinal), proporcionando una mejora del intestino y la función intestinal (Urdampilleta et al., 2016), minimizando así las posibles enfermedades o molestias gastrointestinales que puedan surgir durante la práctica de ejercicio de alta intensidad. De esta manera, aseguraremos que los entrenamientos sean de máxima calidad y que el deportista rinda a su máximo nivel.

Pero, ahora bien, ¿sabemos qué son los probióticos?, ¿qué cantidad es necesario ingerir? y ¿cómo se deben tomar?

Los probióticos son microorganismos vivos que, al ser administrado en cantidades adecuadas, confieren beneficio a la salud del huésped (Guarner et al., 2017). Dichos microorganismos afectan de forma beneficiosa al desarrollo de la flora microbiana en el intestino. A su vez, la flora microbiana está estrechamente relacionada con el sistema inmune, por lo que los probióticos podrían modular indirectamente cambios en el sistema inmunológico.

Diversos autores proponen que los probióticos pueden tener un efecto beneficioso a nivel intestinal aumentando la secreción de mucina e inmunoglobulina A, aumentando la estabilidad de las uniones estrechas entre las células epiteliales, inhibiendo la proliferación de bacterias patógenas y compitiendo con los sitios de unión de estas bacterias en las células epiteliales (Ximena et al., 2015).

Los probióticos más utilizados son bacterias lácticas, especialmente los del género Lactobacillus (utilizados en la fermentación de alimentos) y Bifidobacterium (gérmenes anerobios estrictos), aunque también se emplean microorganismos no bacterianos, como Saccharomyces boluardii (levadura no patógena) y bacterias no patógenas como Streptococcus termophilus y Escherichia coli (Rondon et al., 2015).

No obstante, las especies más estudiadas en deportistas y personas activas son 4: Lactobacillus casei, L. fermentum. L. acidophilus y L. rhamnosus (Pyne et al., 2014 y Urdampilleta et al., 2016). Esto quiere decir que las cepas que utilizaríamos en el constexto deportivo deberían de tener al menos estas 4 cepas.

No hay consenso en relación a la dosis óptima que deben tener los suplementos con probióticos para provocar los efectos beneficiosos. Las dosis actuales oscilan en rangos de 108 a 1011 unidades formadoras de colinias (UCF) por día. Tampoco se ha definido una posología concreta para la toma de los probióticos. Sin embargo, se establece que el tratamiento con los probióticos debería de iniciarse al menos con 14 días de antelación a un viaje, evento o competición, para que haya tiempo suficiente para la colonización de las bacterias en el intestino (Pyne et al., 2014).

Los probióticos se pueden tomar bien a través de preparados farmacológicos como cápsulas y/o polvos, o bien a través de alimentos. Los alimentos más comunes ricos en probióticos son la leche fermentada o yogur (siempre que contenga lactobacillus y bifidobacterias), el kéfir y verduras fermentadas como el chucrut (col fermentada) o encurtidos.

No obstante por ejemplo, después de un tratamiento con antibióticos donde hay un barrido de la flora, no sería quizá suficiente los probióticos de origen alimentario y necesitaríamos suplementar para renovar la flora rápidamente.

Figura 2. Suplementación con probióticos para problemas gastrointestinales (elaboración propia).

Si bien es cierto que los alimentos más utilizados para la administración de probióticos son los lácteos, los nuevos avances en microbiología y tecnología de alimentos están permitiendo la incorporación de estos microoganismos a productos tan variados como jugos, helados, cereales, barritas nutritivas, soja, queso, mantequilla, leche en polvo, mayonesa, chocolate y galletas (Rondon et al., 2015).

Para potenciar el efecto de los probióticos, podríamos ingerir éstos junto con los prebióticos. Los prebióticos se definen como ingredientes de los alimentos que están compuestos por carbohidratos no digeribles (resistentes a la digestión) y que tienen un efecto beneficioso en la salud del huésped. Los probióticos atraviesan todo el aparato digestivo hasta la parte final del intestino, donde son fermentados por las bacterias (probióticos) para producir ácidos grasos de cadena corta (como butirato, propionato y acetato), dando como resultado cambios en la composición y actividad de la microbiota intestinal, aportando beneficios para la salud del huésped. Dicho de forma más coloquial, se trata de alimentos para los probióticos (cepas vivas).

Por otra parte, decir que diferentes investigadores han señalado que los prebióticos podrían mejorar la respuesta inmune, modificar la microbiota y aumentar la supervivencia de las bifidobacterias (Ximena et al., 2015). Sin embargo, CUIDADO!! los prebióticos administrados a altas dosis podrían tener efectos indeseables como son los gases causados por la fermentación de los hidratos de carbono no digeribles a ácidos grasos de cadena corta.

Algunos prebióticos que suelen formar parte de la dieta son la lactulosa, los galactooligosacáridos, los fructooligosacáridos, la inulina, los maltooligosacáridos y el almidón resistente, y se pueden encontrar en alimentos como: avena, panes de granos integrales, bulgur, cebada, legumbres (garbanzo, alubias rojas, alubias blancas, lentejas, soja), endivias, acelgas, ajo, cebolla, alcachofas, plátanos, entre otros.

La Dieta puede tener una gran influencia en la composición de la microbiota intestinal, y por siguiente, gran impacto en la salud del deportista.

De momento se puede decir que los suplementos con probióticos son seguros y pueden reducir el riesgo de enfermedades gastrointestinales durante periodos de entrenamiento intenso o competición. No obstante, no se puede afirmar que la toma de probióticos mejore el rendimiento deportivo, sino más bien que previene que el rendimiento decaiga por problemas gastrointestinales. Los beneficios están principalmente mediados por cambios en la microbiota y en la mejora de la integridad de la mucosa gastrointestinal.

Estudios futuros sobre probióticos requieren incluir medidas de rendimiento deportivo acompañados de medidas clínicas y marcadores inmunológicos e inflamatorios subyacentes. Hay algunos indicios de que los probióticos y una Dieta alta en prebióticos y probióticos podría ayudar en mejorar el sistema inmune del deportista, no obstante, este hecho aún no está consensuado y requiere más investigación (Urdampilleta et al, 2015).

Referencias:

Clark A. y Mach N. Exercise-induced stress behaviord, gut-microbiota-brain axis and diet: a systematic review for athletes. Journal of the International Society of Sports Nutrition. 2016; 13:43.

Escott-Stump S. Nutrición, diagnóstico y tratamiento. 8ª edición. 2016. Barcelona: Wolters Kluwer.

Guarner F, Ellen M., Eliakim R., Fedorak R., Gangl A., Garish J., et al. Guía Práctica de la Organización Mundial de Gastroenterología: Prebióticos y Prebióticos. 2017. Disponible en: http://www.worldgastroenterology.org/UserFiles/file/guidelines/probiotics-and-prebiotics-spanish-2017.pdf.

O`Sullivan O., Cronin O., Clarke S., Murphy E. Molloy M., Shanahan F. y Cotter P. Exercise and the microbiota. Gut Microbes. 2015; 6(2): 131-136.

Pyne D., West N., Cox A., Cripps A. Probiotics supplementations for atheltes – Clinical and physiological effects. European Jorunal of Sport Science. 2014.

Rondon L., Añez R., Salvatierra A., Meneses R., Heredia MªT. Probióticos: generalidades. Archivos Venezolanos de Puericultura y Pediatría. 2015; Vol 78(4);123-128.

Urdampilleta A., Mielgo-Ayuso J, Sauló A. y Gómez-Zorita S. Suplementos y ayudas ergonutricionales en el deporte. Fisiología, dosis efectivas y protocolos para su toma. 2016. Oiartzun; Editorial Elikaesport.

Urdampilleta A, Sauló A, Olasagasti F, Benavente J.C y Ayala R. Bases Fisiológicas, entrenamiento y Nutrición Deportiva. 2015. Oiartzun; Editorial Elikaesport.

Ximena V y Gimenez J. Estrategias de suplementación y función gastrointestinal en atletas de resistencia. Rev Esp Nutr Hum Diet. 2015; 19(3):167-174.

 

La utilidad de los Entrenamientos en Hipoxia Intermitente en el Alpinismo

31/01/2018
 
Dr. Aritz Urdampilleta
Doctor en Fisiología y Nutrición Deportiva
Preparador y Asesor Científico-Nutricional en ElikaEsport
 

La alta montaña y los cambios fisiológicos que en ella se producen son utilizados en el campo de la medicina como laboratorio natural para conseguir distintos avances. En el mundo del alpinismo son notorios los síntomas del “mal de altura” provocado por la altitud y que, en caso de que la situación se complique o se produzca un edema pulmonar, nos puede llevar a la muerte. Por esta razón, los estímulos periódicos de hipoxia son cada vez más utilizados hoy en día entre los montañeros profesionales para poder ascender elevadas cimas y evitar el mal de altura.

Situación actual del Problema

El montañismo es un deporte sumamente apreciado en Euskal Herria y, en la actualidad, los mayores éxitos y récords mundiales firmados por deportistas vascos han tenido como escenario la alta montaña, como es el caso de los logros de Juanito Oiarzabal y Edurne Pasaban.

Cada vez es mayor el número de personas que se atreven a ascender altas montañas, de tal forma que en estos últimos años han aumentado significativamente las expediciones organizadas a cumbres tan elevadas como la del Aconcagua (6.962 m) o la del Kilimanjaro (5.895 m). Sin embargo, muchos de los audaces montañeros o turistas que se animan a subir estas montañas no están habituados a las situaciones provocadas por la alta montaña. En consecuencia, con frecuencia padecen los síntomas del denominado mal agudo de montaña (MAM). Y, por si esto fuera poco, en estas situaciones aumenta exponencialmente el riesgo de sufrir un edema cerebral o pulmonar, ya que se ha demostrado que el MAM es uno de los antecedentes del edema cerebral (Schoonman, 2008).

Roberto Rojo “Gorri”, de camino a la cima de Gashembrum II, a 7650m. Después de estar 12 días en el campamento base y de hacer 3 intentos, lograron subir 1 vez al campamento de arriba (6100 m). Se enfrentaron a la situación usando los estímulos periódicos de hipoxia.

Para tratar de evitar estas situaciones, antes de realizar estos viajes suelen incrementarse las salidas a los Pirineos. Sin embargo, la orografía y la altura de estas maravillosas montañas no son suficientes para adaptarse a los cambios que se producen en el cuerpo a alturas superiores a los 5.500 metros.

El mal de altura, aunque sea agudo, se puede considerar como una enfermedad, que presenta los siguientes síntomas: dolor de cabeza, anorexia, náuseas, cansancio, mareos e insomnio (Dumont, 2000). Estos síntomas se presentan al ascender a alturas elevadas, incluso si se goza de un buen estado físico y de una buena salud. Dichos síntomas se empiezan a manifestar a las 6-10 horas de haber comenzado a ascender a la alta montaña (Hackett y Roach, 2001), y los síntomas más severos se dan a los 2-3 días (Peacock, 1998), sobre todo si se duerme a una altura superior a los 3.000-4.000 m.

Aunque el porcentaje de personas afectadas por estos síntomas es variable, el nivel de afección es elevado a alturas de entre 4.000-5.900 metros, en las cuales el 67 % los padece (Dumont, 2000; Wagner, 2006). El nivel de riesgo depende de la altura a la que se ascienda, la velocidad de ascensión, la experiencia previa en alta montaña y la capacidad adaptación de cada uno (Shneider 2002), y aumenta entre las personas que viven a menos de 500 metros sobre el nivel del mar.

Si no se hace caso de estos síntomas y se sigue ascendiendo o se prolonga esta situación, es posible que se produzcan enfermedades que pueden poner en peligro la vida del afectado, como son los edemas cerebrales y pulmonares (Peacock, 1998).

Hemos podido observar diversos casos entre nuestros montañeros profesionales en los que, como consecuencia de la altura, el trastorno de conciencia han puesto en peligro su vida. El mal de altura fue la principal razón de que, a finales de mayo de 2008, Carlos Pauner tuviera que dar la vuelta y regresar cuando se encontraba a solo 200 m. de la cima del Loche, ante la aparición de un edema cerebral, del cual logró salir vivo gracias a la oxigenoterapia. La mayoría de las muertes que se dan en la montaña son consecuencia de edemas cerebrales o pulmonares. Eso fue lo que provocó la muerte del montañero navarro Iñaki Otxoa el 24 de mayo de ese mismo año, cuando estaba a punto de coronar el Annapurna. Aunque acumulaba una experiencia de 16 años en las montañas del Himalaya, los edemas cerebral y pulmonar terminaron con su vida, después de pasar 6 días a 7.400 m. Estas situaciones podrían haberse evitado en caso de que hubieran preparado convenientemente los sistemas orgánicos justo antes de proceder a la ascensión de estas elevadas cumbres.

Existen diversas estrategias de aclimatación para la prevención del mal de altura. También se usan distintos medicamentos, algunos de ellos con efectos secundarios (Dumont, 2000). En general, se recomienda realizar una aclimatación progresiva y se defiende la teoría de que hay que “andar y entrenarse en altura y descender a dormir a baja altura”. Después de dormir a 3.000 metros, no conviene aumentar diariamente en más de 300-500 m. la altura a la que se va a dormir (Peacock, 1998; Urdampilleta, 2014). Diversos estudios han demostrado que los montañeros que más altas cumbres han ascendido o los que han ascendido montañas de más de 7.000 m son los que mejor aclimatación habían realizado (Pesce, 2005).

El Sistema y la Utilización del Estímulo periódico de Hipoxia en el Alpinismo

Gracias a los actuales adelantos tecnológicos, disponemos de la posibilidad de recibir estímulos de hipoxia sin necesidad de desplazarnos a altas alturas, bajando el nivel de O2 existente en el aire. Este sistema puede facilitar enormemente la prevención de los problemas que sufren los montañeros en la alta montaña.

Aunque la situación de hipoxia se puede conseguir de varias formas (utilizando sistemas químicos, añadiendo nitrógeno...), el método más adecuado parece ser el basado en medios físicos, que se consigue bajando el nivel de CO2 del aire, a la presión atmosférica del nivel del mar (nomobaria) y sin influir en la temperatura, nivel de humedad o incremento del CO2 del aire hipóxico.

Tienda hipóxica (GO2 Altitud). Utilizada en la investigación dirigida por Aritz Urdampilleta sobre “La utilidad de los estímulos para afrontar el mal de altura”, año 2010. Usada el mismo año por la expeción Gasteiztarra en Gahembrum.

Estos sistemas, como por ejemplo la tienda hipóxica, suelen llevar un pulsioxímetro como medida de seguridad, para controlar el nivel de saturación de oxígeno de la hemoglobina (%SaO2). Así, estas tiendas de hipoxia permiten introducir en el controlador del sistema la saturación mínima de oxígeno de la persona que desee realizar su entrenamiento a una determinada altura, de tal forma que, si el nivel de saturación desciende en la tienda, el controlador aumentará la %O2.

Este sistema precisa de los siguientes materiales: tienda especial de hipoxia, compresor (para provocar la situación de hipoxia), controlador (para mantener los niveles exactos de oxígeno) y pulsioxímetro (para controlar el nivel de saturación de oxígeno de la hemoglobina de la persona).

A medida que desciende el % O2 del aire (a nivel del mar la concentración de oxígeno es del 20%), desciende también el nivel de saturación de la hemoglobina del ser humano (la SaO2 normal es de 97-98%). Con estos estímulos se consigue descender los niveles de saturación de oxígeno hasta el 80-85%, esto es, a los niveles que se suelen dar en reposo a una altura de 4.000-4.500 metros.

Tabla 1. Saturaciones de oxígeno tomadas en las cimas más altas de España y en expediciones al Aconcagua (6.962 m). (Urdampilleta, 2004). *Como consecuencia de la hiperventilación.

Se han realizado diversos intentos de probar los beneficios que acarrea recibir estímulos periódicos de hipoxia antes de ascender a la alta montaña (Rodríguez, 1999; Richalet, 19992), pero estos intentos han sido realizados con distintos protocolos, esto es, utilizando la hipoxia pasiva (dormir o echar la siesta en cámaras hipobáricas). Para ello se han utilizado alturas de entre 2.500-2.800 metros, sin extraer conclusiones significativas. Sin embargo, se han realizado otros estudios a alturas superiores a los 4.500 metros que apuntan a que la recepción periódica de estímulos de hipoxia permiten mejorar la aclimatación y evitar el mal de altura (Muza, 2007; Stephen, 2010). En la actualidad esas son las líneas que se siguen de cara a la preparación previa de aquellos montañeros y turistas que se disponen a ascender altas montañas, así como para evitar posteriormente el MAM y sus consecuencias.

Actualmente se están investigando en Euskal Herria (Centro ElikaEsport) y en Barcelona (Facultad de Biología de la UB) los beneficios que puede acarrear un entrenamiento basado en situaciones más profundas de hipoxia periódica a los montañeros que se preparan para ascender a la alta montaña y se ha podido comprobar que se puede evitar el mal de altura al dormir a 4.500 metros (Urdampilleta, 2015). Aunque las ventajas que estos estímulos pueden tener para montañeros y turistas sean muy importantes, aún es necesario continuar con más investigaciones en torno a este tema.

Referencias

Dumont L, Mardirosoff C, and Tramer MR. Efficacy and harm of pharmacological prevention of acute mountain sickness: quantitative systematic review. BMJ 2000; 321:267– 272.

Hackett PH, Roach RC. High-altitude illness. New Engl J Med 2001; 345:107–14.

Muza SR. Military applications of hypoxic training for high-altitude operations Medicine Science Sports Exercise 2007;39 (9):1625-31.

Pesce C, Leal C, Pinto H, Gonzalez G, Maggiorini M, Schneider M, Bartsch P. Determinants of acute mountain sickness and success on Mount Aconcagua (6962 m)”. High Alt Med Biol 2005; (6):158-166.

Schneider M, Bernasch D, Weymann J, Holle R, Bartsch P. Acute mountain sickness: influence of susceptibility, preexposure, and ascent rate. Med Sci Sports Exerc 2002; (34):1886-91.

Stephen R, Muza B, Beidleman A, Fulco FS. Altitude Preexposure Recommendations for Inducing Acclimatization. Hight Altitude Medicine vs Biology 2010; 11(2):87-92.

Urdampilleta A. Eficacia de un Programa Interválico de Fuerza Resistencia en Hipoxia Intermitente combinado a un Plan Dietético-Nutricional: Efectos en los parámetros físico-fisiológicos, bioquímicos, hematológicos, rendimiento y prevención del mal agudo de montaña Tesis Doctoral. 2014. Centro de Investigación del Deporte-Universidad de Elche.

Urdampilleta A. Alpinismo y Expediciones a Grandes Altitudes. Editorial ElikaEsport. 2015.

Wagner D R, Fargo J D, Parker D, Tatsugawa K, Young T A. Variables contributing to acute mountain sickness on the summit of Mt Whitney. Wilderness Environ Med 2006; (17): 221-8.

Otro fin de semana más de Formación y Diversión en la Escuela de Nutrición Deportiva!

Esta vez además de trabajar el tema de la Bioquímica y Hematología para el Control y Seguimiento de los Deportistas, como lo habitual, siguieron preparando los retos deportivos de la temporada.

Esta vez, pese a que el tiempo típico invernal del País Vasco no ayudó, los alumnos dieron el callo realizando esta vez 22 km en el Monte con 800m+ y el sábado otros 15 km por la costa de Hondarribía, realizando otros 400m+ más!

El grupo que tomó más cantidad de HC notó la mejora de rendimiento y bajo la percepción subjetiva del esfuerzo (test de Borg). A su vez, el grupo de baja cantidad de hidratos de carbono pasó canutas para completar la sesión!

Los alumnos van asimilando cada vez más los contenidos de fisiología y entrenamiento y ahora se adentran con aspectos más prácticos de dietética aplicada al deporte.

Dentro de 2 semanas, más!

LA HIPOXIA INTERMITENTE: Una Herramienta Terapéutica Eficaz para Servicios Sanitarios y Deportivos

 

 

10 de Enero de 2018

Joseba Díaz1 y Dr. Aritz Urdampilleta2
1 Fisioterapeuta y Corredor Sub23 de Elite
2 Director de la Escuela de Nutrición Deportiva-Dr.Urdampilleta – ElikaEsport

Introducción

La hipoxia se define como la reducción del contenido o de la presión parcial de oxígeno (O2) a nivel celular. El entrenamiento en altitud y el entrenamiento en hipoxia simulada producen distintas adaptaciones fisiológicas y/o bioquímicas en los sujetos, que permiten mejorar el rendimiento y la condición física (Urdampilleta, 2015).

No debemos pensar que la hipoxia se utiliza únicamente en deportistas con el fin de mejorar el rendimiento. El correcto uso de la misma será un elemento añadido a nivel asistencial, en los protocolos de tratamiento estandarizado de las diversas patologías musculares. Una musculatura sana tiene que tener un correcto tono (tensión propia del músculo) y tiene que ser capaz de generar la fuerza suficiente como para vencer la gravedad y una resistencia externa (medible en la escala de Daniels).

Figura 1. Tipos de hipoxia simulada y escala de Daniels (Elaboración propia).

En la mayoría de los procesos de rehabilitación se busca un aumento de la fuerza muscular y una ganancia de movimiento en todo el rango articular. El tratamiento se verá potenciado con el uso de la hipoxia consiguiendo así una buena salud muscular.

Feriche y colaboradores comprobaron en luchadores profesionales, como la fuerza y la potencia se veían aumentadas gracias a la combinación de una correcta pauta de entrenamientos y la utilización de la hipoxia hipobárica (reducción de la presión atmosférica). Además observaron un aumento de la fuerza máxima (Feriche, 2014). Este mismo hecho también investigó el grupo de Jesús Alvarez-Herms (2015) a través de sus estudios entre hipoxia hipobárica y trabajo de fuerza explosiva.

También ha habido propuesta de la combinanción de hipoxia intermitente y plataformas vibratorias para el mantenimiento de la fuerza en un periodo lesional en los futbolistas. En este estudio además se observa la mejora de la recuperación de la frecuencia cardíaca tras un esfuerzo, siendo de este modo un efecto positivo añadido en el proceso de rehabilitación. (Urdampilleta el al, 2014).

El profesional sanitario no tiene que servir únicamente para tratar una lesión, es igual o más importante la prevención de la misma. Los ejercicios explosivos son susceptibles a sufrir lesiones musculares y necesitan un adecuado reclutamiento de fibras musculares. El entrenamiento en hipoxia traerá un aumento de la potencia provocando una mejora en el reclutamiento de las fibras musculares rápidas (Hamlin, 2015), así como una mayor activación glucolítica.

Además de la fuerza ya mencionada, la musculatura sana deberá tener un adecuado tamaño de las fibras. Tras sufrir operaciones, inmovilizaciones… el tamaño de las fibras musculares se ve reducido, siendo el aumento de las mismas otro de los objetivos primordiales en la rehabilitación. Un adecuado tamaño muscular dará el soporte necesario a las articulaciones a la hora de realizar el movimiento y generar fuerza.

En el estudio realizado por Feriche y colaboradores se concluye que los entrenamientos en hipoxia para conseguir cambios hipertróficos, se deberán realizar a unas altitudes simuladas de 13-16% de concentración de O2 en el aire o bien, a 2500-3000m de altitud. El entrenamiento deberá ser de baja resistencia (≤30% 1RM) para favorecer el aumento de repeticiones con menores periodos de descanso (Feriche, 2017).

Los cambios en el volumen muscular se deben a las adaptaciones metabólicas como son el aumento de testosterona, hormona del crecimiento y citoquinas (Abe, 2005).

Se deberá tener cuidado a medida que el sujeto va ganando fuerza y volumen muscular, puesto que el entrenamiento a cargas altas no provoca ningún cambió en la musculatura, generando más estrés y pudiendo interrumpir el proceso de recuperación o provocando lesiones y recaídas (Scott, 2015).

Como queda demostrado, el uso de la hipoxia como elemento añadido tanto al entrenamiento como al proceso de recuperación (Urdampilleta el al, 2015) y prevención de patologías, servirá para dotar al músculo de una buena salud aportándole fuerza, potencia y volúmenes musculares adecuados.

 

Figura 2. La hipoxia nos traerá una buena salud muscular (elaboración propia).

Por otra parte, Urdampilleta en su libro propone altitudes simuladas de 4000-5000m, puedes ser incluso más eficaces, siempre que los descansos entre series se aumente y la intensidad sea potente. Esto ayudaría a mantener elevado la EPO por la altitud en cuestión y a la vez, poder realizar un trabajo potente de fuerza, siempre que las series sean cortas, de 10-30´´.

También encontramos un artículo interesante de Alvarez-Herms y colaboradores (2015), donde nos explican diferentes métodos de entrenamiento en hipoxia.

Referencias

Urdampilleta A. Fisiología de la Hipoxia y Entrenamientos en Altitud. Editorial ElikaEsport, 2015. http://elikaesporteditorial.com/entrenamiento-en-hipoxia-d/7-fisiologia-de-la-hipoxia-y-entrenamientos-en-altitud.html

Feriche B, García-Ramos A, Calderón C, Drobnic F, Bonitch-Góngora JG, Galilea PA et al. Effect of acute exposure to moderate altitude on muscle power: hypobaric hypoxia vs. normobaric hypoxia. PLoS One. 2014; 4; 9: 1-13.

Álvarez-Herms J, Juliá-Sánchez S, Hamlin M, Viscor G. Strength training under hypoxic conditions. ‎Physiol. Rep. 2015 Vol. 3 no. e12227.

Urdampilleta, A.; Álvarez-Herms, J.; Martínez Sanz, J.M.; Corbi, F. y Roche, E. Readaptación física en futbolistas mediante vibraciones mecánicas e hipoxia. Rev.int.med.cienc.act.fís.deporte. vol. 14 - número 53.

Hamlin MJ, Hopkins WG, Hollings SC. Effects of altitude on performance of elite track-and-field athletes. Int J Sports Physiol Perform. 2015; 10: 881-887.

Feriche B, García-Ramos A, Morales AJ, y Padial P. Resistance Training Using Different Hypoxic Training Strategies: a Basis for Hypertrophy and Muscle Power Development. Sports Med Open. 2017; 3: 1-12.

Abe T, Yasuda T, Midorikawa T, Sato Y, Kearns CF, Inoue K et al. Skeletal muscle size and circulating IGF-1 are increased after two weeks of twice daily „KAATSU‟ resistance training. Int J Kaatsu Training Res. 2005; 1: 6–12.

Scott BR, Slattery KM, Sculley DV, Hodson JA, Dascombe BJ. Physical performance during high-intensity resistance exercise in normoxic and hypoxic conditions. J Strength Cond Res. 2015; 29: 807-815.

Álvarez-Herms J, Julià-Sánchez S, .Hamlin M.J, Corbic F, Pagès T, Viscor G. Popularity of hypoxic training methods for endurance-based professional and amateur athletes. ‎Physiol. Behav. V: 143, 1 May 2015. p: 35-38.